El Salvador 1917


Los Terremotos de San Salvador de 1917 ocurrieron el día 7 de junio, y fueron originados por la erupción del volcán de San Salvador. El epicentro tuvo una profundidad superficial,2 y fue producido por fallas locales.3 Es el primer evento sísmico que ha causado más de mil muertes en El Salvador,4 y el segundo en muertes después de el sismo del año 1986.
De acuerdo a una conclusión del investigador David J. Guzmán, hacia el año 1883 el volcán de San Salvador se encontraba "totalmente extinguido". Sin embargo, a finales de mayo y principios de junio de 1917, una serie de temblores fueron percibidos en la ciudad capital de San Salvador con epicentros de varios orígenes, los cuales fueron el preludio de un terremoto ocurrido a eso de las 18 horas y 55 minutos con 30 segundos del día 7 de junio (6,5 MS),5 cuando era celebrado el Corpus Christi. El sismo también causó daños en las poblaciones de Armenia, San Julián, Sacacoyo, Tepecoyo, Ateos y otros lugares asentados a lo largo de la Cadena Costera de El Salvador.6
Los sismos continuaron, pero a las 19 h y 30 minutos se produjo otro de gran intensidad (6,4 MS)5 que derribó casas y edificios de la urbe salvadoreña.6 A las 20 horas y 11 minutos, en la Loma del Pinar, en el "borde boreal del Boquerón",6 se abrieron grietas por las cuales se expelió humo y emanó magma incandescente que originó, de acuerdo a informe de Jorge Lardé y Arthés, un "manto de 2 km de largo, de 250 a 250 m de ancho y de 2 a 3 m de espesor, algo así como 800.000 m cúbicos de lava y escorias".6
Para las 20 horas y 45 minutos acaeció otro sismo, el cual coincidió con una nueva erupción del volcán de San Salvador a través de los cráteres denominados Los Chintos,1 "del cual se derramó impetuosa una colada de materiales piroclásticos, hacia el Norte". El manto de lava arrasó viviendas y extensas áreas de montañas, y cortó un trayecto de la línea férrea entre Quezaltepeque) y Sitio del Niño. La actividad en este cráter permaneció hasta el 10 de junio.6
El investigador Jorge Lardé y Arthés verificó el aumento de la temperatura en la laguneta del cráter de El Boquerón, la cual, para el día 28 de junio, estaba totalmente extinguida. Posteriormente, en ese lugar hubo explosiones que arrojaron columnas de lodo "de hasta 200 m de altura", y erupciones de materias incandescentes que terminaron formando un pequeño cono de 35 m de elevación. La actividad eruptiva del volcán terminó hacia el mes de noviembre.6 El saldo del siniestro dejó 1.050 personas fallecidas, una cantidad indeterminada de heridos, y daños materiales que, según el investigador Carlos Cañas Dinarte: "de cerca de las 9.000 casas componentes de la ciudad capital, solo 200 quedaron intactas".

Carlos Meléndez, presidente de El Salvador en esos años, expresó:
Mañana resurgirá San Salvador y resurgirán más lozanos los campos que hoy conmovió con ruinas la naturaleza...Nos une en este momento el amor a la Patria en campo de labor reconstructora, y las energías que de sobra tenemos para otras empresas, las emplearemos en esta que no enciende nuestros corazones en ímpetus e guerra, sino en ternuras para la República, para su capital gallarda y legendaria y para nuestros pueblos hermanos que padecen rigores del volcán, que si ayer fue símbolo de nuestro ardimiento, es hoy hoguera en que quemamos nuestras mezquinas pasiones, para que del fuego, como incienso puesto en él, suba a los cielos el humo santo del amor al trabajo, de la solidaridad y del deber.
Por otra parte, los materiales que predominaban en las viviendas de la ciudad (adobe, concreto y bahareque) sucumbieron ante los sismos, y sobrevivieron las de material más ligero, como la lámina, que empezó a predominar en los años siguientes, ya que sería fomentado su uso por el mismo Gobierno, siendo importada desde Francia y Bélgica. De hecho, algunos edificios que quedaron de pie eran de dicho material, como la Basílica del Sagrado Corazón, Iglesia San Esteban, o el Hospital Rosales, compuesto de lámina troquelada.9
En un principio, los vecinos de San Salvador adjudicaron la erupción al cono llamado El Jabalí, y por ello se popularizaron estos versos:
Siete de junio noche fatal, bailó el tango la Capital... - ¿Quien te botó? -!Yo me caí!! por ir huyendo del Jabalí!


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